ELECTRA SE QUITA EL LUTO Y YO CUMPLO UNO DE LOS SUEÑOS DE MI VIDA.
Madrid, 18 de junio de 2008:
Siete de la mañana, hora de levantarse, de ser esa working girl ajena a la literatura que soy durante ocho horas al día. Vuelta a la cama, 39 º de fiebre tienen la culpa.
Ocho de la mañana, Don Gonzalo, mi médico de cabecera, llega a casa para diagnosticarme que tengo bronquitis y que no puedo moverme de la cama.
Ocho y un minuto de la mañana, pongo en su conocimiento que no puedo hacerle caso, porque doce horas más tarde presentaré mi segundo libro de la mano de mi referente literario, Carmen Posadas.
Ocho y dos minutos de la mañana, Don Gonzalo me dice que entrará en razón, si me comprometo a tomarme un montón de pastillas y a no meverme de la cama hasta la hora de la presentación porque si no me hará asisitir en ambulancia.
Me sorprende lo razonable que soy esa mañana.
Estoy afónica perdida, la tos va a hacer que mis pulmones abandonen mi cuerpo.
Me quedo sola diez minutos, mi madre ha ido a "asaltar" la farmacia de al lado de mi casa, que casualmente está de guardia.
Oigo la llave entrar en la cerradura y pienso en que tengo que empezar a tomar esa lista de medicinas escritas con una caligrafía imposible.
Sobre la mesilla de noche: Augmentine 875 /125 mg, Eferagal 1G, Ibuprofeno de 600 y una cosa redonda y chula que se llama Seretide y que suena sexy, aunque no es más que un aerosol que tratará de acabar con mi fatiga.
Todo esto cada cuatro horas o si no suspensión. Me conviene ser dócil.
Sigo metida en la cama y me siento como cuando era pequeña y caía enferma y después los pantalones me quedaban más cortos. Ayer no me paso eso, me quedaban más estrechos, pero igual de largos.
La tos me abandona un rato y me quedo dormida. Me despiertan para comer, patatas fritas en cuadraditos, como cuando era pequeña. Me como cuatro o cinco, no tengo hambre. Estoy muy nerviosa.
Me levanto de la cama y recalo en el sillón. Y llega otro enfermo, mi hermano mayor, con un desesperante cólico nefrítico. Me invade la sensación de que al final, mi sueño no va a cumplirse. Pienso en que todo es demasiado irreal como para que pueda pasarme a mí, que al final no compartiré mesa con Carmen.
Sigo haciéndole frente al día, tomando los medicamentos. La fiebre sigue siendo la protagonista y me mantiene en un duermevela que me hace sospechar que me quedaré dormida y la gente plantada.
Enseguida una mano salvadora, comprueba que la fiebre ha bajado un poco y me dice que es hora de irse a la ducha. Vuelvo a ser obediente.
Sigue pasando el tiempo y la persona que me llevará hasta la calle Apodaca llega, iré escoltada por Rubén, mi sobrino y Ana mi sobrina que, si Dios quiere, me hará tía abuela en unos meses.
Como siempre atasco feroz en Madrid, la gente va hacia el sonido del gol, y yo llegaré cinco minutos después de lo acordado, es decir, pronto pero tarde. Empujo la puerta, a la entrada, sentados en la barra de El bandido doblemente armado, mi hermana mayor y mi sobrina política. Besos que quieren transmitirme tranquilidad.
Miro hacia el fondo y Carmen Posadas, como siempre puntualísima, está sentada en una mesa, al lado de Mari Cruz Agüera, la poeta y amiga murciana, que le ha salido al paso cuando ha visto que yo me retrasaba. A Mari Cruz, iba a conocerla en ese mismo momento, había viajado hasta Madrid, para conocerme y asistir a la puesta de largo de "Electra..."(A estas horas está retenida en Madrid, porque no encontro billetes para regresar, eso es amistad y lo demás tonterías).
Me acerco hasta ellas, me reciben con una sonrisa. Agradezco a Carmen su generosidad por estar al lado de esta aprendiz de poeta en un día tan importante(le agradezco sólo esto pero en realidad tengo tantas cosas que agradecerle )Agradezco a Mari Cruz su inagotable genorosidad.
Charlamos las tres, durante unos minutos. Esperamos al editor del libro, Pablo Méndez, que llega tardísimo.
Carmen se levanta y va a mirar los libros dispersos sobre la mesa de la librería, yo voy recibiendo a los que llegan.
Llegan primero, Carmen Varas y su marido José ramón. Me hace muchísima ilusión. Fue mi primera profesora de literatura y hacía más de veinte años que no nos veíamos. Después llegan otros, Antonio, José María, Jerónimo Benito, Mª Luisa, mi segunda profesora de literatura. Llevan Vanesa y Pilita desde Zaragoza con una legión de amigas. Antonio Mena desde Sevilla, Paqui(la mejor mensajera de la historia) y Héctor. Y más y más gente, Almu... Yogu, Cris, Juandi, Carmen.... Y más.
Miro el reloj son las ocho y quince minutos de la tarde, los medicamentos me han hecho efecto tal y como me dijo Don Gonzalo, la tos ha desaparecido(rezo porque se olvide de mi un rato). Llega Mario Merlino, ese señor estupendo que tal y como dice Carmen Posadas lee como los ángeles. Mario que ha leído poemas de Allen Ginsberg en el Circulo de Bellas Artes, leerá hoy poemas míos.
Nos sentamos a la mesa, Carmen Posadas a la derecha, Mario como figura central y yo a la izquierda. Un lugar que después resulta desafortunado e impúdico y que dejará que todos vean el poder de mis zonas conflictivas a través de la desafortunada camisa escogida.
Carmen Posadas empieza a hablar, todo lo que dice es estupendo y claro me saca los colores desde el principio. Aún no me creo que esté sentada junto a la persona que me ha convertido en la lectora y la "escritora" que soy hoy.
Hablamos de poesía, Mario lee poemas, reímos, Carmen me hace preguntas, yo contesto y le agradezco que escribiera "Cinco moscas azules" ese libro repleto de frases levadura, que han sido las culpables del título de mi libro y de la formación de una parte fundamental de su columna vertebral. Carmen me agradece que crea que ella y su literatura han inspirado este libro. Mario lee otro poema. Mientras Pablo me dice que deberíamos terminar. Hace un calor tremendo y miro al fondo de la sala y veo caras conocidas y desconocidas y me siento feliz y recompensada. Pablo, el editor quiere que lea un poema a pesar de mi desaparecida tos y de mi recalcitrante afonía. Me pide que lea un poema corto, pero sé muy bien el poema que quiero leer, mi favorito del libro por muchas razones.
CUANDO LA MEMORIA NO HABÍA APROBADO SUS OPOSICIONES A LA JUDICATURA
Cada uno tiene su forma de olvidar
Carmen Posadas
A Carmen Posadas, por diseñar el diablo más elegante de la historia de la literatura
Desde niña he creído en la elegancia del diablo,
por eso en esta nueva temporada de desfiles
me pongo a sus órdenes.
Ya he visto la publicidad.
Aparezco anunciada como la modelo estrella
de su última colección de Prêt à Porter.
Incluso algunas personas comienzan a pararme por la calle
para hacerme preguntas
e interesarse sobre el porqué
le ha sido vetado el territorio de la alta costura.
La respuesta es simple,
casi perfecta,
un (irregular) verso alejandrino:
“La maldad es casi siempre un territorio urbano”
Algunos me miran,
parece que empezaran a comprender
de qué está hecho el infierno,
pero a mí no me importa contestar a sus dudas
ni ponerles inclusoalgún ejemplo.
El infierno tiene muchas explicaciones
pero sólo una definición.
El tártaro es un milímetro exento de llamas,
el lugar más cotidiano de cualquiera de nuestros días,
un territorio V. I. P. en el que la inteligencia
le da masajes a la eternidad, porque la eternidad,
ha resultado ser menos inmortal de lo que ella esperaba
y sus músculos tampoco están a salvo
de la renovación del pensamiento.
Además,
hace tiempo que el miedo a que el pecado nos caliente los pies,
más de dos noches por semana,
ha dejado de pertenecer al campo semántico de la palabra terror.
Los reajustes siempre llegan a tiempo
si se saben buscar entre las imperfectas arrugas de un abismo
que se apellida igual que nosotros.
Ahora, todo es distinto,
me siento a salvo a una temperatura ambiente de más de treinta y nueve grados
y reparto sin pudor fotocopias de mi nueva identidad.
Tal vez por eso, algunos reporteros
que habían contado mi vida anterior,
esperan conseguir fotografiarme
como cuando la memoria no había aprobado sus oposiciones a la judicatura.
Pero el pasado será lo único que conserven de mí,
porque la libertad posee la misma textura
que la masa corporal del cuerpo de un vampiro.
Después todos aplaudieron. Hacía más calor. El sueño se había cumplido.Los medicamentos habían hecho su trabajo.